El Espejo Pintado


Ocho y medio: Fellini autobiográfico
15 Septiembre, 2008, 3: 51 pm
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El universo cinematográfico de Fellini, es, como se ha podido comprobar  a través de cada una  sus obras, sencillamente genial. Metafórico, onírico, inteligente, inmensamente creativo, por  momentos satírico y provocador. Todos estos rasgos característicos de su arte, alcanzan su máxima expresión en una de las obras más importantes y quizás la más emblemática de su carrera como cineasta, Ocho  y medio.
El título, que en principios iba a ser La bella confusione (La Bella Confusión), hace referencia a la octava película del director,  quien había colaborado anteriormente en Boccaccio 70, filme en el que junto a otros tres grandes del cine italiano, Vittorio De Sica, Mario Monicelli y Luchino Visconti dirigió uno de los cuentos escritos por el talentoso poeta, Boccacio. La película fue un producto colectivo, razón por la cual Fellini la contaba como media obra, dentro de su filmografía.


Ocho y medio cuenta el momento de desconcierto que sufre un director de cine al sentir que pierde por completo el rumbo de su vida y carrera, debido a la falta de inspiración y creatividad para realizar su próximo filme. Las musas no llegan y el gran director, Guido Anselmo, interpretado con maestría por Marcello Mastroianni debe saber que hacer con todos los artistas y personas  que dependen de él, desde el productor, los actores, vestuaristas, incluso la prensa, que también le sigue los pasos sin perderle rastro. Guido siente el asedio y la presión constante de quienes esperan de él las directivas para llevar a cabo la gran obra. Sin embargo, a medida que pasan los días la confusión aumenta y lejos de resolverse se  mezcla con los miedos, deseos, sueños y obsesiones más profundas del director. El presente de la historia, que muestra a un Guido en la búsqueda de la inspiración, corporeizada en la bella figura de la actriz  Claudia Cardinale, en el filme, Claudia, nos remite a la propia experiencia de Fellini, ante las exigencias desmedidas que la industria cinematográfica le presentaba y la enorme responsabilidad del éxito, aún cuando sentía no tenía nada que contar.
Guido no puede despejar su mente y envuelto en la vorágine incesante de un mundo del que quiere escapar, se deja atrapar por la seducción de su amante Carla, la exuberante Sandra Milo,  y los constantes recuerdos de su infancia junto a sus padres y hermanos, una época que añora con notable  intensidad.
Así como El ciudadano Kane del gran Orson Welles, anhela su tan amado “Rosebud” que representaba la niñez robada, el Guido de Fellini, personaje que no es más que su reflejo,  desea encontrar la libertad que logre redimirlo de una vez por todas. Mientras crece el desconcierto, el personaje bucea en su memoria y sus conflictos más íntimos parecen resolverse en sueños.
El espectador se encuentra con escenas que dan cuenta de ello. Un ejemplo claro es la que muestra a Guido persiguiendo a su padre para hablar, no logra su objetivo y se queda sin poder expresarse, a mitad de camino; allí se manifiesta uno de los conflictos latentes del realizador. También se puede ver plasmado en el filme la obsesión de Fellini por todas sus mujeres,  desde su esposa, con quien lleva un matrimonio difícil, marcado por sus constantes infidelidades, hasta una prostituta de la infancia, La Saraghina a quien no puede olvidar, mujer que se desnudaba por dinero y cantaba para él y sus compañeros de colegio, cuando eran niños.
La secuencia musical en que Guido baila y canta con todas sus mujeres en una antigua casona de la infancia, muestra esa necesidad enfermiza de tenerlas a todas juntas, como un harem, dispuesto a complacerlo día y noche.
Podríamos decir entonces que todo el universo fellinesco se halla concentrado en esta obra plagada de metáforas y reminiscencias surrealistas. Están presentes los recuerdos de la niñez, y esa frase “asa nisi masa” que simboliza sus primeros temores infantiles,  palabras con las que su hermano lo asustaba, recordándole  historias tenebrosas; su gusto por lo grotesco y lo fino al mismo tiempo, por los clows o el mundo circense y  sus personajes; por las mujeres,  su fragilidad y seducción; por los escenarios monumentales; su tendencia a explotar la subjetividad en el cine, con atmósferas oníricas, cercanas al subconsciente, que de alguna manera desafíaba la fuerte herencia instaurada en la Italia por el neorrealismo, movimiento estético de postguerra.
Fellini no tiene la intención de criticar y mostrar la realidad tal cual es, sino todo lo contrario, esta es una obra de carácter autorreferencial y subjetiva, donde prima la brillante y cínica visión que el director tenía de sí mismo y su contexto. Estas características hacen de Ocho y medio una película provocadora que además innovó al séptimo arte. Por ese motivo hoy se la considera una de las diez mejores obras de la historia de cine mundial.
La fotografía en blanco y negro está fabulosamente lograda por quien fuera en ese momento uno de los grandes talentos en el rubro, Gianni di Venanzo.
La banda sonora de Nino Rota, complementa con maestría el viaje visual fragmentado que propone Fellini, junto a su excelente grupo técnico y artístico entre los que se encuentra la actriz Anouk Aimé, Luisa, la esposa de Guido.
¿Qué más podemos agregar? Ningún cinéfilo o quien se precie de tal, puede dejar de ver esta obra maestra altamente creativa y liberadora, de uno de los directores de cine más talentosos de todos los tiempos.

Título original: Otto e mezzo

Dirección: Federico Fellini

Intérpretes: Marcello Mastroianni (Guido Anselmi) Claudia Cardinale (Claudia)Anouk Aimée (Luisa Anselmi)Sandra Milo (Carla)Rossella Falk(Rossella)Barbara Steele(Gloria Morin)Madeleine LeBeau(Actriz Francesa) Eddra Gale (Saraghina)

Guión  Federico Fellini- Ennio Flaiano

Productor: Angelo Rizzoli

Música original: Nino Rota

Fotografía: Gianni Di Venanzo

Montaje: Leo Cattozzo

Diseño de Vestuario: Piero Gherardi

Duración: 138 min.

País: Italia

Calificación: Excelente


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