CARANCHO: VÍCTIMAS DEL SISTEMA
12 may 2010 1 comentario
in Cine, Sociedad Etiquetas: Accidentes de tránsito en el cine, Carancho, cine nacional, Martina Gusmán, Palblo Trapero, Ricardo Darín, víctimas del sitema

Con su última película, Carancho (2010), Pablo Trapero nos impacta y moviliza. Nos deja shockeados tras sumergirnos en una cruda realidad de la cual todos formamos parte.
Se trata de un filme noir, cuya dramática historia está contada principalmente en primeros planos que nos muestran la soledad, angustia y desesperación de sus personajes principales.
Ricardo Darín interpreta a Sosa, un abogado especialista en accidentes de tránsito que se enamora de Luján, (Martina Gusmán) una médica que trabaja en la guardia de un hospital público. Se conocen una noche, en el lugar donde se produce un accidente.
A partir de allí surge un historia de amor imposible, en la que ambos son acosados por el un sistema perverso que los esclaviza y los obliga a llegar hasta las últimas consecuencias para poder estar juntos.
La película comienza con estos datos: “En Argentina mueren al año en accidentes de tránsito, más de 8 mil personas, un promedio de veintidós por día; más de ciento veinte mil resultan heridas. Detrás de cada desgracia asoma la posibilidad de un negocio”.
Las didascalias o títulos que introducen el relato, nos plantean la problemática abordada: el negocio corrupto que se encuentra detrás de una tragedia: los accidentes de tránsito.
Cifras siderales se obtienen de las aseguradores en carácter de indemnizaciones para las víctimas, pero en realidad quienes se llevan la mayor parte de la torta son los caranchos, como se les dice comúnmente en la jerga, a los abogados que cometen este tipo de delitos.
Como ave de rapiña, Sosa espera su presa indefensa y ataca sin medir consecuencias. Un hecho imprevisto le complica las cosas y el drama va tornándose en una inevitable tragedia.
Tanto Darín como Gusmán brillan con sus interpretaciones que son de lo más convincentes. El realismo de las imágenes se acentúa a medida que va creciendo la tensión dramática de la historia. Su ritmo frenético mantiene al espectador en vilo, hasta el final.


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